La disciplina amorosa

Nuestra intención es presentar una vía alternativa. Un enfoque al que llamaremos «la disciplina amorosa». En esta manera de disciplinar, el rol de los padres será estimular la parte naturalmente buena que tienen sus hijos, y poner límites compasivos a las partes que necesitan cambiar. Es un enfoque pensado para que los chicos puedan desarrollar su sentido de responsabilidad y su autocontrol emocional sin necesidad de premios o castigos externos.En toda la naturaleza existen las jerarquías.

En los seres humanos también. Empecemos por la naturaleza. En el medio de la selva una leona está echada a la sombra de un árbol, observando cómo sus cachorros juegan a unos metros de distancia. De pronto, la leona ve a lo lejos que una manada de búfalos se está aproximando. Empieza a hacer unos llamados a sus cachorros, pero ellos la ignoran y siguen jugando. Finalmente, la leona se les acerca y les lanza un rugido fuerte. Los cachorros van corriendo hacia ella y se trepan al árbol. La madre se trepa con ellos, sin estrés ni tensión. El peligro ha pasado. Los cachorros le dan besos y se acomodan sobre su lomo. El rugido fue para salvarlos. Su intención no era controlarlos, humillarlos, manipularlos.

Los niños también necesitan de esta jerarquía amorosa. A diferencia de los animales, nuestro período de dependencia hacia los adultos es mucho más largo. El enfoque de disciplina amorosa empieza el día en que los padres tomamos real conciencia de que la naturaleza nos ha puesto en un rol de jerarquía amorosa hacia nuestros hijos: un bebé que no puede valerse por sí mismo llega a nuestra vida y nosotros, los padres, somos los responsables de protegerlo y guiarlo. El cerebro emocional de nuestros hijos busca instintivamente una figura de autoridad amorosa que tome el mando de su cuidado. Por eso, durante varios años, tenemos que invitar a nuestros hijos a depender de nosotros. Esto hace que ellos se relajen, bajen sus niveles de estrés sabiendo que nosotros estamos al frente del barco.

Algunos padres nos dicen: «Pero yo quiero criar a mis hijos de una manera democrática, quiero que sepan tomar sus propias decisiones, que sean independientes». Habrá espacios y momentos para eso. El inicio de la crianza no es uno de ellos. ¿Por qué? La explicación está en el cerebro: la capacidad de ser democráticos es una función elevada del cerebro y requiere mucho desarrollo del área del córtex prefrontal, este desarrollo toma varios años y solo se da de manera óptima si primero el niño ha estado varios años bajo la jerarquía amorosa de un adulto responsable.


Verónica y Florencia Andrés de su Libro Confianza Total para tus Hijos, pág. 221


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