La práctica de la autoaceptación

¿Aceptarse es renunciar al deseo de mejorar? ¡No! Todo lo contrario, ya que sólo cuando me acepto o acepto alguna de mis condiciones, puedo comenzar a cambiarla. Branden diseñó un ejercicio simple que puede ser muy útil a la hora de realizar ese deseado cambio.

Se trata de ponerse frente a un espejo que permita que veamos la totalidad de nuestra figura. Lo más probable es que veamos partes que nos gusten más que otras, y partes que nos disgusten mucho: es muy importante prestar atención a todos los sentimientos que aparecen. Pueden ser esas arrugas que no pensé que tenía, esas canas que empiezan a aparecer o que ya me invadieron por completo, o esa calvicie incipiente… Es el momento en el que probablemente nos sintamos tentados a no seguir mirando, a negar lo que estamos viendo o sintiendo.

Pero debemos quedarnos allí, y repetirnos internamente la siguiente afirmación: «Sean cuales fueren mis defectos o imperfecciones, me acepto a mí mismo, sin reservas y por completo». Al decir esta frase varias veces, haciéndolo lentamente, respirando profundamente, es probable que empecemos a experimentar una sensación de liberación, pero también de desconcierto, ya que hay partes de mí que no me gustan nada, entonces ¿cómo puedo aceptarlas? Aceptar no significa gustar. Aceptar no implica no querer mejorar. «Aceptar es experimentar que un hecho es un hecho, que la cara y el cuerpo que ven en el espejo, son su cara y su cuerpo y que son como son… Aunque no le guste o no le cause placer todo lo que vea cuando se mire al espejo, aún podrá decir: “Ése soy yo, en este momento. Y no lo niego. Lo acepto”», dice Branden.

Para que este ejercicio sea efectivo, la práctica tiene que ser diaria: durante dos minutos todas las mañanas, al poco tiempo aparecerá una relación de autoaceptación que, sin dudas, repercutirá favorablemente en la autoestima.

Nuestra autoestima no depende de nuestro atractivo físico, como imaginan algunos con ingenuidad. Pero nuestra voluntad o falta de voluntad para vernos y aceptarnos sí tiene consecuencias en nuestra autoestima.
Nathaniel Branden

Verónica y Florencia Andrés de su Libro Desafiando Imposibles, pág. 158

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