Los beneficios directos del juego

Todos los chicos nacen con una inclinación hacia el juego. Desde que tienen uso de razón se disfrazan, inventan personajes, transforman ollas en tambores y ramas de árboles en barcos.

Los adultos a veces los miramos de lejos, a veces participamos con ellos y, hoy en día, muchas veces jugamos con nuestros hijos mirando el reloj y pensando cuándo llegará el momento para mí.

En la actualidad, las investigaciones nos ofrecen datos que nos motivarán a ver en el juego algo mucho más que una simple actividad de niños. ¿Sabías que los seres humanos jugamos por períodos más prolongados de tiempo que cualquier otro animal? ¿Sabías que jugar es tan importante como comer y dormir? ¿Sabías que cuando jugamos el cerebro libera dopamina? La dopamina es central en el desarrollo de la red neuronal en el cerebro.

Los chicos que tienen Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) tienen bajos niveles de dopamina. Jugar ayuda a controlar y a mejorar la hiperactividad y las dificultades de aprendizaje. El juego nos permite desarrollar la creatividad, la flexibilidad y tener ideas nuevas. Jugar crea recuerdos llenos de magia. Así que invirtamos tiempo en jugar con ellos. Saltar en la cama, caminar descalzos, juntar palos… Los chicos necesitan jugar. Y los adultos también.

George Bernard Shaw decía que «no dejamos de jugar porque nos hacemos viejos, nos hacemos viejos porque dejamos de jugar».Carla Hannaford, neurobióloga y educadora, cuenta el caso de una chica llamada Brandy Binder —una niña inteligente y feliz—, que a los cuatro años empezó a tener convulsiones. Llegó a tener cien convulsiones diarias. Los médicos intentaron detenerlas a través de la medicación y luego por medio de una cirugía en un área pequeña del cerebro. Nada de esto ayudó. Finalmente optaron por quitar todo el hemisferio derecho del cerebro de la niña. Esto paralizó por completo el lado izquierdo de su cuerpo, lo cual fue devastador para esta chica que amaba bailar y correr. Un médico aconsejó a los padres que estimularan a su hija a través de la música, la lectura de cuentos, hacer caminatas en la naturaleza y muchísimos momentos de juego. Los resultados fueron milagrosos: a los catorce años, Brandy se convirtió en una de las mejores alumnas de su escuela, hasta andaba a caballo, escalaba y bailaba. A los dieciocho años había ganado becas universitarias, se estaba formando como oradora… Su caso obligó a las neurociencias a repensar las funciones del hemisferio derecho y el extraordinario poder que tienen en él tanto el movimiento como el juego. Todo lo que los médicos le dijeron a Brandy que hiciera es lo que les estamos proponiendo que hagan con sus chicos, porque genera un efecto maravilloso en el desarrollo del cerebro… además de sembrar en ellos el afecto que durará para siempre.


Verónica y Florencia Andrés de su libro Confianza Total para tus Hijos, Pág. 207


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