Síndromes del todopoderoso y del barril sin fondo

Mark lo tenía todo o casi todo…dinero, mujeres, poder, juventud y una musculatura trabajada durante años en el gimnasio. Cuando lo vi por primera vez, pensé que era físico-culturista. Pero no, la atención desmesurada su cuerpo era sólo una indicación más de sus obsesiones. A los 29 años decía que aquello que tenía lo había conseguido a base de trabajo, aunque todos sabían que su fortuna era producto de una herencia.

Cuando Mark llegaba a un lugar, bajaba de su coche importado último modelo, y en seguida se producía un enorme revuelo, como si llegara una super estrella: la gente vivaba su nombre, querían tocarlo como si se tratara de un héroe. Había conseguido su fama gracias a su carisma y también a su dinero. Estaba en los diversos medios de comunicación a diario, exhibiendo su lujosa mansión en California, sus viajes exóticos y sus conquistas amorosas. Se presentaba al mundo como un triunfador, y lo era. ¿O no?

Un día, observando este fenómeno, tuve una conversación con Francisco, un joven cliente, que empezó a raíz de un comentario suyo: «Este Mark sí que tiene la vida resuelta…¡tiene todo! ¡debe ser muy feliz!» Sin poder afirmar realmente lo que Mark vivía o sentía, le propuse a Francisco que se imaginara cómo se sentiría Mark a la hora de apoyar la cabeza en la almohada, cuando ya nadie lo veía, cuando no había imagen que cuidar, ni gente a quien impresionar. Le dije que hiciera por un instante el ejercicio de pensar cómo se sentiría si él fuera considerado casi como un dios o un héroe, sin haber hecho nada verdaderamente trascendente.

Le hablé del «síndrome del todopoderoso», una expresión que acuñé para darle color a la charla; le expliqué que es la conducta que despliegan algunas personas que están muy heridas y que, como necesitan ocultar sus heridas, se ponen la máscara del Sr. Perfecto o del todopoderoso, para disimular. Sin embargo, debajo de esa conducta obsesiva, suele alojarse mucho rencor, muchas heridas, mucho desamor.

Le hablé también de otro síndrome, que también acuñé para seguir captando su atención: el «síndrome del barril sin fondo», que es el que se experimenta cuando el vacío interior es tan grande que exige permanentemente ser llenado con algo, acumulando posesiones, haciendo proezas, trabajando sin cesar, teniendo éxitos…Pero como pasa con las drogas, esos logros nunca alcanzan. Nada es suficiente, porque el barril no tiene fondo. Todo va a parar a un saco roto. La que suele estar rota, en realidad, es la imagen de uno mismo, y en tanto no la reparemos, todo lo que hagamos no servirá de mucho…después de la charla le pregunté a Francisco si de verdad creía que Mark era feliz, y él me contestó: «no lo sé, pero creo que no me gustaría vivir su vida».


Verónica y Florencia Andrés de su Libro Confianza Total, pág. 96


CURSO ONLINE "PROGRAMAR LA MENTE PARA EL ÉXITO"

CÓMO CAMBIAR
TU MENTE
PARA CAMBIAR
TUS RESULTADOS

Compartir
Haga clic aquí para dejar un comentario 0 Comentarios